Julio César JiménezMálaga, 1972. 10 novedades en página de portada desde el 27/03/09: ►Elige tu último aniversario, de Raúl Díaz Rosales ► Los lugares públicos, de Franscisco Onieva ► Fallece nuesto amigo y compañero José Antonio Padilla (1975-2009) ► Se presenta la nueva novela de Antonio Lara Ramos, La renta del dolor ► Camilo de Ory y Julio César Jiménez cierran el ciclo Versos y Estrellas ► Julio César Jiménez gana el XVI Premio Ciudad de Las Palmas ► Nuevo número de Robador de Europa ► Homenaje poético a Francisco González Pedraza ► Fallece el poeta, novelista y periodista Juan Manuel González ► Nuevo número de Paradigma dedicado a Lo Femenino [DESLICE HACIA ABAJO] ↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓↓ |
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Iguazú, de Fernando de Villena (por José Enrique Salcedo Mendoza)![]() Iguazú, Fernando de Villena, Ediciones Port-Royal, Granada, 2006, 192 págs. Nos encontramos ante una novela culta, entretenida, realizada con pericia y con amor a las letras, a la vida y a la amistad. Está dedicada a Enrique Martín Pardo, quien en su discurso de ingreso en la Academia de Buenas Letras de Granada denunciaba esa proliferación de anglicismos en nuestra lengua. Precisamente, leer "Iguazú" es disfrutar de la riqueza de la lengua española, y no sufrir ese lenguaje viciado por los anglicismos médicos, periodísticos, deportivos,etc. Siendo Fernando de Villena experto conocedor del Siglo de Oro español y estando bien documentado, todo este enorme caudal de conocimiento, remansado desde su más temprana edad de hombre de letras, asoma naturalmente en los personajes, en la ambientación, en el mismo lenguaje sin imposturas arcaizantes que nos traslada a esa época de 1600. Resulta, además, esta narración un homenaje natural y no forzado a Cervantes y a su novela, que debería tener más reconocimientos,"Los trabajos de Persiles y Sigismunda", que se cita expresamente y se interpreta en el capítulo VII de la Parte primera de "Iguazú". Asimismo, constituye una elegía de una época en que la gente tenía en sus mentes la cultura clásica grecolatina y se entretenía con los romances cantados, con los entremeses y comedias, con novelas de caballerías,etc. Los apuntes líricos, las metáforas, las comparaciones se engastan en el devenir de la narración de forma perfecta. Cuando considera oportuno, introduce unos versos de Cancionero de Fray Diego de Valencia, que sirven para realzar la belleza y el misterio del mítico Valle de la Plata, en el capítulo I de la Parte Segunda. De forma recurrente aparecen coloquios sobre cuestiones literarias, de elocuencia y de arte, donde se trasluce el amor a los libros y al arte literario y musical. De forma concreta, se ve en la vocación de comediógrafo del personaje llamado Melchor, y en los encuentros con personajes impresores y músicos que evocan a amigos actuales del novelista. La perspectiva de la escritura de la novela cambia de la Parte Primera a la Segunda y le imprime un nuevo rumbo a la acción. Pero resalta el engaño de las expectativas y prejuicios del protagonista, que necesita escribir para salir de la confusión, y abrir su entendimiento y voluntad a nuevos móviles (buscar la verdad, vivir con el amor de la mujer perseguida y amada, arreglar los asuntos de su padre en España), olvidando la sórdida venganza. En esta novela también hallamos nostalgia, dolor, descontento de Fernando de Villena en relación con Almuñécar (ciudad donde comienza la acción), con Granada, con España y el mundo. Dolor y descontento con los dirigentes políticos y administrativos que no saben cuidar las ciudades ni el medio natural ni a los individuos, por más que nos mientan con eso del "desarrollo sostenible". Ni siquiera se salva el monarca don Felipe III, quien con su lascivia precipita la huida de la mujer que motiva el curso de la acción novelesca y el periplo viajero de su familia. LLega a decir un personaje que los reyes son como nosotros y aún más ruines. En cambio, la propuesta del novelista es el modo de organización social y vital de las misiones jesuíticas con los guaraníes, una forma justa de gobierno que respeta al hombre en su dimensión material y espiritual y respeta a la naturaleza. A través de sus personajes se muestra una idea liberal de la vida, donde cada uno es libre y ninguna persona puede pertenecer a otra. La esclavitud es inaceptable, llamar "cacería" a perseguir a un esclavo huido responde a un concepto inhumano execrable. También hay una idea religiosa con una caridad correcta que escandaliza a los jerarcas religiosos. La libertad se manifiesta sobremanera en las aventuras de los personajes y en la toma de decisiones. Parece que en otros tiempos los hombres -por propia voluntad y por Providencia Divina- podían ser más dueños de su propio destino, o bien tener un destino grandioso por los logros personales que los hacían famosos. La aventura entonces es el instrumento para romper con la vida rutinaria e insípida, para acreditar el propio valor (sobre todo, en el caso del narrador-protagonista, joven acomplejado por las hazañas de su padre), para sentir la emoción de la incertidumbre, de lo imprevisto. Esto mismo se materializa en el capítulo VI de la Parte Segunda, en que el protagonista se demora en una meditación sobre la vida frágil y quiere saborear aún la emoción de la libertad, antes de resolver el misterio, y volver a una vida tediosa. Pero también teme terminar la escritura de la historia, dos años después del fin de la misma, porque escribirla es revivirla con la misma emoción de antes. Por otra parte, en la toma de decisiones se ve el temple moral de los personajes. Hay que destacar el nivel humano de todos ellos. Se pueden contabilizar unos cincuenta personajes, y cada uno tiene su historia, su esperanza, sus sentimientos y motivaciones. Observamos los cambios internos de los personajes. Concretamente, el narrador-protagonista siente que tiene que pasar de la cómoda adolescencia con su familia a una vida más madura e independiente, aunque el proceso sea doloroso y lleno de recuerdos. El deseo de venganza de Miguel, el protagonista, desaparece por el anhelo de esclarecer la verdad sobre la muerte de su madre. Los momentos de confusión, gracias al estímulo de alguien -así se ensalza el valor de la familia y de la amistad-, son resueltos con nuevos ánimos, porque la vida es como una corriente "todopoderosa" que no se puede detener. Miguel, su padre y sus criados van decidiendo continuamente su itinerario, el cual los llevará desde Almuñécar hasta Sevilla, y desde Sevilla hasta Santa María del Buen Aire, Iguazú, Asunción,... Personajes como Mateo Diamante, Simón Salvador, el tío Adrián, Zaida, Andrés... van ofreciendo nuevos aspectos y giros imprevistos que mantienen el interés del lector por el entramado novelesco. Otras veces hay retratos magistrales como el de don Fernando, el del conde Antonio de Valdepomar (conocido primero por referencias, y hasta bien entrada la novela no se le conoce directamente) y su esposa, o el del encomendero bueno José Rodríguez de Haro. Quiero hacer mención a la magistral ambientación en los lugares americanos: Santa María del Buen Aire, cuando era un pequeño poblado; el Río de la Plata, las llanuras, las selvas, ... En el texto se tejen las impresiones con las reacciones de los personajes, noticias históricas y fábulas, especialmente la leyenda de las Montañas de la Plata y del cacique blanco que las gobierna. Quien, como Valdepomar, quiere a la fuerza obtener las riquezas del mítico enclave, no lo halla y regresa fracasado; quien, como Zaida y Miguel, no lo pretende, lo encuentra después de perderse en la selva. Allí, en ese paraíso ambos se encuentran y, aclarando las cosas, dan un giro nuevo a sus vidas y al curso de la historia, su historia. No pretenden salvar el mundo ni a nadie importante, pero sencillamente con su silencio preservan de la codicia inhumana las Montañas de la Plata, lugares idílicos que deben permanecer intocados y sólo habitados por los naturales de allí, no por funcionarios, igual que Iguazú, poderosas aguas grandes, que bien merecen la elegía novelesca que ha trazado magistralmente Fernando de Villena. Comentarios » Ir a formulario |
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